Ariel le contó todo lo que pudo antes de que la culpa comenzara a tirarle del corazón.
No era como si tuviera otra opción; llevaba dos días alojándose allí, y aquello era una especie de compensación por darle techo y comida.
Pero de repente estalló en un violento ataque de tos; su cuerpo se convulsionó mientras expulsaba flema desde lo más profundo de su garganta, y los ojos del alfa se abrieron con alarma. Su germofobia se activó y se removió incómodo.
—Disculpe —logró decir Ariel con voz ronc