A largo plazo, la abuela le había aconsejado que era más barato elegir calidad que comprar chucherías de moda, y tenía razón, pero las chucherías sí que parecían divertidas, pensaba Camille a veces con nostalgia. Levantó la barbilla con desafío mientras se llevaba la mano al cuello, donde su blusa color crema estaba abotonada hasta arriba. Después de semanas sin darse cuenta de que existía, ¿de repente se interesaba por su ropa?—¿Puedo ayudarle en algo, señor Lawrence?¿Había estado bebiendo?, se preguntó, la curiosidad atrayendo su mirada hacia su rostro. El aire arrogante de sus fuertes facciones no sugería debilidad ni falta de autocontrol, si se exceptuaba la sensualidad de su labio superior. Consciente de un escalofrío que le recorrió el estómago, Camille apartó su mirada, extrañamente reticente, de sus labios y la encontró directamente en sus ojos, y de inmediato descartó la idea de que hubiera bebido.No había nada borroso ni desenfocado en su actitud. Beber implicaba una debi
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