—Llevo seis meses trabajando para Sebastián, pero claro, solo soy una secretaria.
—No existe tal cosa como una simple secretaria.
Camille puso los ojos en blanco y dijo: —¿Adivino? ¿Una cita de Theo? Si perdiera sus miles de millones, siempre podría dedicarse a dar charlas motivacionales, pensó con amargura.
La otra mujer sonrió y se encogió de hombros. —En realidad, yo también fui secretaria.
Los ojos de Camille se abrieron de par en par. —Pensé que eras una graduada brillante.
—No, nunca fui