La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas, suave y dorada.Ziva despertó lentamente, y la consciencia regresó en suaves oleadas en lugar del habitual y violento sobresalto de pánico.Había dormido toda la noche.Sin pesadillas. Sin despertarse jadeando, cubierto de sudor, buscando a tientas un arma que no estaba allí.Se quedó quieta un momento, asimilando aquel pequeño milagro.La puerta del dormitorio estaba abierta. Podía oír ruidos de la cocina. El café preparándose. El suave tintineo de una taza.Tyrell.Siempre Tyrell.Ziva se incorporó, se puso una de sus sudaderas con capucha que había adoptado como suya y salió a buscarlo.Él no estaba en la cocina.Lo encontró en el balcón, apoyado en la barandilla, observando cómo el amanecer pintaba el cielo en tonos rosas y naranjas.
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