Narrador.La primera pintura en subasta se trataba nada más y nada menos que de flores. Sí. Un campo extenso de flores marchitas bajo la oscuridad y flores de todos los colores brillando a la luz del sol. Pasto verde y pasto amarillo. Una mujer campesina en el medio de ambos lados, pero regando solo las flores vivas.Pero en cuanto las luces se apagaron, la sala contuvo el aliento, pues había más historia que contar.La otra capa de óleo especial revelaba que las flores vivas tenían enredaderas, maleza, entre las raíces de las flores marchitas, e incluso, debajo de la mujer, amenazando con consumirla también.Las flores marchitas parecían inclinarse para la mujer, en busca de su atención, pero ella ya había perdido la fe en recuperarlas, sin saber que pronto, esas encantadoras flores serían su destrucción.Las luces se volvieron a encender poco a poco, y Anastasia soltó un suspiro.—Doscientos mil —dijo una en la multitud.Anastasia se giró hacia la mujer.—Quinientos mil —dijo otro.
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