Anastasia despertó por primera vez en mucho tiempo sintiéndose como si estuviera en una nube perfumada con su perdición. Era adictivo. A dónde girara el rostro, estaba su sudor, su colonia, y pasó un largo raro con la nariz en cierto punto de la almohada, hasta que fue suficiente.Con una sonrisa, fue al baño, se lavó un poco la cara, y se cepilló con los dedos y un poco de crema, pues no quería arriesgarse a tener mal aliento. Luego fue a la cocina, descalza, sintiéndose grande y pequeña a la vez en aquella camisa de oficina que le llegaba a los muslos. Estaba desnuda. Por precaución, había lavado a mano su ropa íntima la noche anterior, y ya estaba seca pero… no quiso ponérsela.Sin ver si el hombre estaba en la sala o no, buscó algo para cocinar. Solo encontró tostadas, jamón, queso y mantequilla, el mismo litro de leche de la noche anterior. Ni siquiera había café. Se notaba que él no comía allí. Hizo lo que pudo, comió un poco también y luego se decidió a verlo.Él seguía dormido
Ler mais