Las semanas siguientes a la primera sesión de terapia fueron un periodo de ajuste y redescubrimiento. Había algo en el aire, una sensación de que estábamos en el umbral de algo nuevo, algo que podía ser mejor si lográbamos mantener el equilibrio. Las palabras de Luciana y Charles seguían resonando en mi mente, recordándome que el presente era tan importante como el pasado, y que mi familia necesitaba una madre presente, no una mujer atrapada en fantasmas que ya no podían hacerle daño.Pero la necesidad de crear, de contar historias, de encontrar un propósito más allá de la maternidad y el matrimonio, seguía allí, latente como una llama que se negaba a apagarse. Y una mañana, mientras tomaba café y miraba el horizonte desde el penthouse, supe que era momento de comenzar un nuevo proyecto. No sobre el pasado. No sobre el dolor. Sobre la sanación.La idea llegó como un susurro, apenas un pensamiento que se formó en mi mente mientras observaba a Victoria jugar con sus muñecas en el suelo
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