241: El Fin de Semana en el Campo.
El viernes por la tarde, el cielo sobre Manhattan se había despejado después de tres días de lluvia incesante. Un sol pálido pero generoso se filtraba a través de las nubes, y el aire, limpio y fresco, olía a asfalto mojado y a promesas de renovación. Helena y yo salimos del penthouse con dos maletas pequeñas y un silencio cargado de expectativas. Los niños se habían ido a casa de mis padres la noche anterior, y por primera vez en meses, el penthouse parecía vacío y extraño, como si nuestros pr