(POV de Isabel)El jardín se había convertido en una tumba de plata y hielo, la luna proyectando una mortaja estígia sobre los bojes helados. Estaba junto al banco de hierro, el olor a la desesperación de Derek todavía flotando en el aire como una niebla viscosa. Se quedó frente a mí, los hombros hundidos bajo el peso del exilio, la caja del dardo neumático un secreto oculto y áspero contra las costillas.—Me voy, Isabel —dijo, la voz un raspido granular que pareció aferrarse al aire helado—. Patrick espera en el arco. Si me quedo un minuto más, soy un rebelde. Si me voy ahora, solo soy un fantasma en los barracones.Extendió la mano, los dedos flotando cerca del brazo como si buscara un ancla al mundo que estaba perdiendo.—Haz lo correcto. Como a mí me han vetado de la luz, tienes que ser tú quien encuentre las grietas. Salva a Alejandro del veneno que ha invitado a su cama. Si descubres lo que le dijo Reyes... úsalo. Úsalo para traerle de vuelta.—Ve, Derek —dije, la voz un susurro
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