Norah estaba de pie en la entrada en silencio, con su maleta a su lado. Acababa de regresar después de cinco años en el extranjero, habiendo soportado incontables noches sin dormir, estudios interminables, y sobreviviendo con becas y suerte.Y ese era el hogar al que volvió. Sus ojos recorrieron la sala y suspiró. "¡Aquí vamos otra vez!" La risa, la calidez y el amor no eran para ella.Su madre adoptiva estaba sentada cómodamente en el sofá, alimentando suavemente a Sisi con frutas. "Mi niña, come más… has bajado de peso", dijo, apartando el cabello del rostro de Sisi, su voz suave y llena de cuidado.Sisi sonrió, inclinándose hacia su toque. "Estoy bien, mamá", dijo de forma juguetona.Norah permaneció en la puerta, sintiéndose ignorada… o tal vez invisible. Sus dedos se apretaron ligeramente alrededor del asa de su maleta.Es la misma casa y las mismas personas, pero nada ha cambiado. Entró en silencio, arrastrando su maleta detrás de ella. El sonido de las ruedas finalmente llamó s
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