Capítulo 17Sarah.Las tarjetas de invitación pesaban en mis manos como si estuvieran hechas de plomo. Me quedé en medio de mi habitación, escuchando el silencio de la casa, pero lo único que resonaba en mis oídos era la voz de Alicia: “Sabes que no puedes hacerlo sin mí, Ale”.La rabia, esa mezcla ácida de celos y humillación, me subía por la garganta. No podía simplemente quedarme allí encerrada como una prisionera que espera su sentencia.Sin pensarlo, con la adrenalina disparada, salí al pasillo. Mis pies se movieron por inercia hacia la habitación de Alejandro. No llamé. No pedí permiso. Giré el pomo y empujé la puerta, impulsada por una necesidad visceral de enfrentarlo, de decirle que no soy el juguete de nadie. Pero las palabras se me atascaron en la garganta.Alejandro acababa de salir del baño. Estaba en bóxer, descalzo, secando su cabello con una toalla blanca. Su torso estaba desnudo, firme, con los músculos definidos bajo una piel bronceada que todavía brillaba por la hu
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