La cena fue la hora más intensa de mi vida. Sentado a la cabecera, me temblaban levemente las manos por la culpa mientras cortaba el filete. Frente a mí estaba Elena, radiante tras su viaje, y a mi derecha, Angel. Se había duchado y puesto un vestido vaporoso, pero para mí, todavía olía a la tarde que acabábamos de compartir.—Y bien… —comenzó Elena, probando su vino—. ¿Cómo fue todo mientras no estaba? Mark, ¿se portó bien Angel?Casi me atraganto con el agua. —Sí —logré decir, limpiándome la boca—. Fue... de gran ayuda. Muy tranquila.Angel soltó una risita mientras alcanzaba la ensalada, clavando su mirada en la mía con un brillo juguetón y perverso. —Fui más que tranquila, mamá. Ayudé mucho a papá. Tenía tanto trabajo y estaba tan estresado... Solo hice lo que pude para que se sintiera mejor. ¿Verdad, papi? —preguntó sonriendo.—Vaya que lo hizo —murmuré, apartando la vista de ella para concentrarme en mi plato.—Esa es mi chica —sonrió Elena, totalmente ajena a todo—. Me alegra q
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