—¡Míralo! —ladró el oficial, señalándome en el espejo—. ¡Mira a tu Papi observando! ¿Ves cómo no puede hacer nada para detenerme? ¡Está ahí sentado, tocándose mientras yo te arruino!Yo me masturbaba cada vez más rápido, con el líquido preseminal goteando como un grifo y la respiración entrecortada. Veía las caderas del oficial moverse en un ritmo frenético y potente.Slap. Slap. Slap.El sonido de su pelvis golpeando contra el trasero de ella era como el latido de un tambor. Cada embestida hacía que los pechos de Angel rebotaran salvajemente bajo su fina blusa.Ella sollozaba, con jadeos calientes y húmedos. —¡Papi! ¡Ohhh, nnnngghh, sí! ¡Está tan profundo! ¡Está... está llegando al fondo! ¡Sí! ¡Sí! ¡SÍ, sí, sí, sí!—¡Ohhh! ¡Sí! ¡Papi! ¡Mírame! —gemía Angel. Miró hacia el espejo, clavando sus ojos en los míos. Estaba perdida en la sensación de ser poseída por alguien tan poderoso—. Es tan grande... Papi, ahhh... me está ensanchando... ¡Papi, ayúdame!—Él no puede ayudarte —gruñó el of
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