POV de JOSE
Los monitores que antes marcaban mi agonía con pitidos erráticos ahora emitían un pulso constante, una melodía monótona que despreciaba mi debilidad. Mis dedos rozaron las sábanas de hilo egipcio; estaban frías, desprovistas del calor humano que Nina solía dejar tras de sí cuando se retiraba a su búnker de datos.
Habían pasado cuarenta y ocho horas desde que el helicóptero aterrizó en el tejado, dos días de un limbo donde la morfina y la adrenalina se habían entrelazado para crear u