POV de NINA
Estaba sentada en mi sillón, rodeada por el zumbido constante de los servidores y el brillo frío de las dieciséis pantallas que componían mi centro de mando. Habían pasado seis horas desde que Jose despegó hacia el sur. Seis horas en las que mi imperio había pasado de ser una fortaleza inexpugnable a una diana móvil.
Mi equipo de seguridad técnica, dirigido por Bruno desde una posición remota, me enviaba actualizaciones constantes. Jose ya había aterrizado en las afueras de Sevilla.