La vida había encontrado, por fin, el equilibrio que durante tantos años les fue negado. La Villa Robson, restaurada con absoluto respeto por la historia de la familia de la madre de Sebastian, se había convertido en el lugar donde los recuerdos dolorosos habían sido reemplazados por risas infantiles, desayunos interminables y tardes llenas de aventuras. Aquella residencia ya no representaba una disputa por una herencia ni el símbolo de una injusticia. Ahora era simplemente un hogar, el hogar donde tres pequeños crecían rodeados del amor que sus padres siempre soñaron ofrecerles. Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, Renata continuaba construyendo una carrera extraordinaria. El prestigioso bufete que dirigía se había convertido en un referente nacional. Nadie dudaba de su talento ni de la firmeza con la que defendía cada caso. Aquella mañana caminaba por el amplio pasillo de cristal acompañada por varios abogados jóvenes que tomaban notas mientras ella analizaba un expediente c
Leer más