La noche se había instalado sobre la ciudad con una tranquilidad engañosa, desde los ventanales de su despacho privado, Antonio Vegetti observaba el horizonte iluminado por miles de luces. La oscuridad parecía envolver los edificios como una enorme sombra silenciosa, ocultando secretos que nadie imaginaba, una copa de whisky descansaba sobre la mesa estaba intacta, olvidada, porque aquella noche Antonio no tenía interés en beber, su atención estaba concentrada en algo mucho más importante, mucho más peligroso.Sus ojos permanecían fijos sobre la ciudad mientras una sonrisa lenta se dibujaba en su rostro, era una sonrisa fría, vacía, desprovista de cualquier rastro de humanidad, durante demasiado tiempo había esperado,emasiado tiempo observando desde la distancia, soportar que su exespsoa estuviera con su hermano y aquello hiere su orgullo, demasiado tiempo soportando aquello que consideraba una afrenta imperdonable, pero la espera estaba llegando a su final.Antonio tomó el teléfono m
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