El día no recuperó la normalidad después de la reunión con el consejo. Aunque las oficinas retomaron su ritmo habitual, había algo en el ambiente que había cambiado de forma irreversible, como si una línea invisible hubiera sido cruzada sin posibilidad de retroceso. Elena Cruz lo sintió en cada mirada que se detenía un segundo más de lo necesario, en cada conversación que se interrumpía apenas ella se acercaba, en cada gesto cuidadosamente neutral que, en realidad, estaba cargado de significado.No era paranoia. Era percepción.Y, sobre todo, era experiencia.Había pasado suficiente tiempo en ese entorno para entender que el silencio muchas veces decía más que cualquier palabra abierta. Y en ese momento, el silencio hablaba de duda, de evaluación, de una expectativa colectiva que no estaba dispuesta a darle el beneficio de la tranquilidad.Aun así, Elena no cambió su comportamiento. Se mantuvo en su lugar, revisando informes, coordinando equipos, respondiendo correos con la misma prec
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