MELANI FERNÁNDEZ Todavía sentía el calor en mis muñecas. Cerré la puerta de mi despacho y me apoyé contra ella, obligando a mis pulmones a recuperar el ritmo. En el silencio de mi propio espacio, el eco de su voz rota por el miedo seguía zumbando en mis oídos: «No vuelvas a dudar frente a mí, Melani». Estaba abrumada, sería absurdo negarlo. La velocidad con la que Aras pretendía hacer el anuncio esta misma tarde me generaba un vértigo real. A mis veintiocho años, el miedo no era la situación en sí, sino el peso de volver a firmar un destino, el temor a equivocarme otra vez. Sin embargo, al mirar el reflejo de Estambul en el cristal, la honestidad me obligó a aterrizar. Entendía el lenguaje de Aras; él era de hechos contundentes, y con esa misma firmeza implacable se había metido bajo mi piel. Me asustaba la rapidez, sí, pero me asustaba aún más darme cuenta de lo inevitable que era todo. Innegable. Ese hombre se había ganado mi corazón a fuerza de acciones, desarmando cada u
Ler mais