—¿Mami? ¿Estás bien? —dijo Diana entrando a hurtadillas en la habitación de su madre.—¡Ven, pequeña! ¡Ven! ¡Mamá necesita un abrazo…! —admitió Marina limpiándose las lágrimas.—¿Por qué lloras, mami? No me gusta verte llorar. ¿Te duele donde te pegaste? ¿Qué te pasó en el cuello? —increpó la menor al ver a su madre tumbada en la cama.Marina sintió una punzada en el pecho. ¿Cómo respondía a esa pregunta? Según ella, no le gustaba mentir a sus hijas, pero no podía decirles que su propio padre había intentado matarla, ¿verdad?—Estoy cansada, mi niña, y sí, sí me duele un poquito mi costilla, pero nada que no se me quite con unos cuantos besitos tuyos. Lo del cuello es porque me dio comezón y me rasqué muy fuerte.—Hmm… ¡Ya no hagas eso, mami, se ve feo!—No te preocupes, corazón, jamás volverá a suceder… —afirmó Marina con un nudo grande en la garganta.—Los abuelos se fueron hace ratito, la tía Paulina nos trajo cosas muy bonitas… Renata está encantada con la Tablet que nos regaló.—¡
Leer más