Lorena odiaba sentirse así, odiaba verse metida en este tipo de situaciones, odiaba este maldito día que no se cansaba de mostrarle lo evidente: había sido un tremendo error el volver a México y, sobre todo, había sido un maldito error, enredarse con Esteban Montemayor. Porque sí, había estado bien el sexo; por nostalgia había estado bien uno que otro encuentro, pero esto, esto definitivamente la superaba.Sin saber qué más hacer, Lorena se puso a llorar y no pudo controlar más lo que su boca quería decir desde hacía varios días.—Esteban, nuestra relación no está bien. Sí, olvidé ir por TU hija, pero no es mi maldita obligación, ni mi responsabilidad; eso le corresponde a su maldita madre. Yo soy tu mujer, pero eso no me obliga ahora a volverme su “nueva mamita”.Perdona, pero si Renta me ve como su madre, no es mi problema; ella ya tiene una madre y no pienso competir contra ello. Además, tú no te das cuenta, pero desde hace días me has estado tratando mal; yo merezco más, yo merezc
Leer más