María López—María, ¡¿por qué carajos no estás diciendo nada?!La voz de Diego era una hoja dentada que cortaba el pesado silencio de la habitación. Me froté las manos, con las palmas húmedas de sudor frío. Mi mente era un torbellino frenético, buscando una puerta, una mentira, una trampilla... cualquier cosa que me tragara entera. *¡Piensa, María, piensa! ¿Qué dices cuando te han atrapado con las manos en la masa?*—¡¿Con quién carajos tuviste sexo?! —Él estaba más cerca ahora. Podía oler el tenue aroma de su costosa colonia mezclado con el sabor metálico de su rabia.—Yo... yo... solo quería provocarte —tartamudeé, y las palabras salieron antes de que pudiera filtrarlas—. Quería ponerte a prueba, ver si realmente significaba algo para ti, o qué sentirías si realmente lo hiciera.Era una jugada débil, un movimiento desesperado en un juego que ya estaba perdiendo. *Por favor, que sea lo suficientemente vanidoso para creer que solo es un juego retorcido para llamar su atención.*—¿Quer
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