No imaginaba lo difícil que era duchar a una persona borracha, no porque no pudiera sostenerla, sino porque tenerla así entre mis manos hacía demasiado difícil controlarme. Podía abusar de esa vulnerabilidad y tomarla como un maldito desgraciado, como un perro en el desierto sediento hasta volverse salvaje, pero no soy así, no soy esa clase de perro bastardo. Aunque verla tan rendida, a merced de lo que quiera en este momento, tenerla así de vulnerable mientras le hago el amor debería ser divertido... pero no, me gusta más cuando está consciente de lo que le hago, que me mire y llore sin saber cómo detenerme o, en su defecto, que busque la excusa más barata para defenderse. —Te voy a cobrar muy caro esto. La envuelvo en la toalla tendida en la cama y seco el suelo por las gotas de agua que cayeron al traerla del baño a la habitación. Nunca había visto una persona borracha tan inconsciente de sí misma, algunas veces hablan o se niegan a cualquier cosa, incluso puedes alimentarlas,
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