El taxi me deja frente a la gran puerta. Coloco la clave para abrir, me urge llegar a mi prisión lujosa. Subo al ascensor, rara vez me encuentro con uno que otro vecino en las mañanas en el gimnasio. Llego al piso diez, el ascensor se detiene y abre sus puertas. No sé por qué me da pánico cuando las puertas de los ascensores se abren, me imagino que tal vez alguien está esperando por mí, para atacarme, o no sé, tal vez es solo la culpa del pasado que no me deja en paz. No creo que mi final sea una muerte tranquila, tal vez sufriré mientras muero lentamente y el dolor se apodera de mi cuerpo... Y sí, lo merezco, aunque me abrumen estos pensamientos. Merezco todo lo malo que me pueda suceder, porque no luche por salvar la vida de mi hijo. ¿Pero que podía hacer yo? ¿Que podía hacer contra una familia rica que se encargaba de mantener a mi familia? ¿Huir? ¿Que pasaría con mi madre? ¿Donde iba a esconderme de una mujer como ella? Aún así, no luché nada y simplemente me di por venci
Leer más