—¿Qu-qué es esto, Rafayel? —pregunté con nerviosismo.Los ojos de Leticia y de mi madre estaban fijos en el sobre de color marrón claro, como si se preguntaran qué era lo que Rafayel había traído realmente esta vez. Rafayel, con una mueca en el rostro, sostenía el sobre en su mano.—Es algo que llegó para ti, Leslie.—Rafayel, no necesitamos seguir hiriéndonos así, ¿verdad? —susurré suavemente, con la voz quebrándose en los bordes—. Harry y yo... no somos nada el uno para el otro. Lo siento, de verdad siento haber dejado que las cosas se salieran de control.Él vaciló, tensando la mandíbula como si pesara palabras que no lograba pronunciar.—No sé cómo responder a nada de esto, Les. Pero... no tiene sentido darle vueltas ahora. Lo hecho, hecho está. —De repente, s
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