La tensión en la suite era tan espesa que el aire parecía faltar. Mientras Ally ayudaba a Isabella a quitarse el vestido de seda empapado y a ponerse un pijama de algodón suave para recuperar el calor, Matheo salió al pasillo donde Pablo montaba guardia, empapado de la cintura para abajo y con la camisa blanca pegada al cuerpo.
—Rizzo, vete a tu habitación ahora mismo. Cámbiate y descansa —ordenó Matheo con tono autoritario, aunque su voz aún temblaba por el susto—. Yo me quedaré con ella. No p