El rugido de los aplausos estalló en cuanto las puertas de la catedral se abrieron de par en par. Afuera, el sol de la tarde bañaba la ciudad, pero adentro, el resplandor de miles de velas y los arreglos de flores blancas creaban una atmósfera de ensueño que envolvía a los cientos de invitados.La música de la orquesta comenzó a sonar, una melodía dulce y solemne que marcaba el paso de la novia. Nahla avanzaba con una elegancia que quitaba el aliento, aferrada al brazo de su padre, Alejandro Casalins.Alejandro caminaba erguido, con el pecho inflado de orgullo, aunque sus ojos estaban ligeramente empañados.Para el mundo, él era el magnate poderoso, el hombre que controlaba industrias enteras, pero en ese momento, solo era un padre entregando lo más valioso que la vida le había dado. Sentía el temblor casi imperceptible en el brazo de su hija y, aunque no entendía del todo la distancia en su mirada, decidió que su última labor antes de soltarla sería recordarle quién era ella.Al llega
Leer más