SimonLa lluvia de balas arruinó el mármol de las paredes, rompió cuadros de famosos pintores, y estallaron floreros de porcelana originales de la dinastía Ming. Los soldados demolieron las puertas persas; entraron con las botas sucias, destruyendo las alfombras. Nadie habló, excepto los cañones que no dejaban de escupir fuego.—Alberto, será un honor pelear a tu lado. Y si toca morir, eso también lo será—, el doctor Gallo sintió que les disparaban dentro de la casa.—No vamos a morir hoy, tenemos que resistir un poco y luego escapar, ese es el plan, no los podemos confrontar directamente, tampoco podemos seguir abriendo la herida de rencor del gobierno con más cadáveres—. Alberto se contrarió al dispararle a un soldado que entró a ese cuarto.—Entonces avancemos, rápido, hagamos mucho ruido para distraerlos, lo difícil será escaparnos; puedo escuchar varios helicópteros y aviones que nos sobrevuelan.—Es cierto, considero que mejor será utilizar nuestros dones en lugar de este arsena
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