Una fuerte lluvia caía sobre Bogotá, como si el cielo quisiera ayudar a limpiar los restos de corrupción que el régimen de Ricardo había dejado en las instalaciones de San Lucas. En su despacho privado, Sebastián observaba atentamente la pantalla del monitor, donde se emitían las imágenes del último interrogatorio llevado a cabo por la Fiscalía General. Ricardo, aquel hombre que antaño se mostraba tan arrogante y poderoso, parecía ahora frágil y abatido, vestido con el uniforme naranja de los presos.Se está empezando a debilitar, Sebastián dijo la voz de Miguel a través del intercomunicador, rompiendo el silencio de la habitación, donde solo se oía el repiqueteo de la lluvia contra las ventanas. Los administradores de bienes acaban de embargar su último apartamento en Miami. Ahora sí que se ha quedado absolutamente sin nada.Sebastián tomó un sorbo de su café negro, que ya se había enfriado por completo.Un hombre que lo ha perdido todo es el más peligroso de todos, Miguel. Empeza
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