Capítulo 49 —La furia de una vampira joven
Narrador:
Las puertas del despacho de Caín Tayler permanecían cerradas.
No era un simple gesto de privacidad.
Era una barrera.
Dos vigías estaban apostados en el pasillo exterior, elegidos personalmente por Caín entre los más disciplinados de su gente. Habían recibido una orden muy concreta: nadie debía acercarse lo suficiente como para escuchar lo que se decía dentro.
Ni siquiera por accidente.
La instrucción no era exagerada. Los vampiros poseían un