Capítulo 59 —Era tan Aurora que dolíaNarrador:Pero sería peor. Negó con la cabeza y se llevó el móvil a la oreja.—¿Se puede saber por qué demonios no respondes mis llamadas?La voz de Aurora salió tan cargada de furia que, de no haberla conocido, cualquiera habría pensado que estaba lista para arrancarle la cabeza.Caín cerró los ojos un instante.—Aurora, no es un buen momento —respondió casi en un susurro.Del otro lado hubo un segundo de silencio. Luego la voz cambió, se volvió más baja, más vulnerable.—Me tenías muy preocupada, Caín. Creí que habías muerto.Aquella confesión, dicha así, sin filtro, lo golpeó primero con ternura… y luego con una torpeza imperdonable.—Cariño —dijo, dejando escapar una risa breve—, si yo hubiera muerto, tú también lo habrías hecho. Fui quien te convirtió. ¿Acaso te dormiste en las clases de historia de nuestra especie?Apenas terminó la frase, supo que había sido un imbécil.No recibió una respuesta ingeniosa, ni una réplica filosa, solo silencio
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