El espejo del baño le devolvía la imagen de una desconocida. Valeria se inclinó sobre el lavabo de mármol, los nudillos blancos contra la superficie fría, y estudió el rostro que la miraba con ojos demasiado brillantes, demasiado vulnerables. Las tres de la madrugada pintaban sombras bajo sus párpados que ningún corrector podría ocultar, y el rímel corrido trazaba caminos que su orgullo jamás habría permitido en presencia de testigos.Mírate. Mírate bien.La mujer del espejo temblaba. Las manos, los labios, algo profundo en el centro del pecho que amenazaba con quebrarse como cristal mal templado. Valeria apretó los dientes, intentando contener lo que fuera que pugnaba por salir, pero la presión en la garganta se volvió insoportable.El primer sollozo la tomó por sorpresa. Seco, violento, arrancado desde algún lugar que habí
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