—¡Deberías haber destruido todo! —mis manos empujaron su pecho de nuevo—. ¡Si realmente me quieres, hubieras...!Sus labios se estrellaron contra los míos, cortando mis palabras. No fue suave, fue brutal, desesperado y furioso.Lo empujé, intentando apartarlo, pero él profundizó el beso, agarrándome del cabello con una mano, manteniéndome en el lugar.Mordí su labio con fuerza haciéndole sangrar, él gruñó pero no se apartó. En cambio, me levantó del suelo y enrolle mis piernas alrededor de su cintura instintivamente.—Te odio —jadeé contra su boca.—No me odias —respondió, llevándome hacia la mesa.—Sí te odio.—Entonces ódiame —gruñó, sentándome bruscamente en la mesa—. Pero no me alejes de ti.Sus manos fueron a mi camisa tirando sin cuidado, rasgándola. Yo hice lo mismo con la suya, arrancándole la tela furiosa y con urgencia.Sus labios fueron a mi cuello, mordiendo y dejando marcas mientras sus manos recorrían mi cuerpo con posesión.Sus manos fueron a mis pantalones, desabrochán
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