Capítulo 180. Instinto apagado.
La tarde caía con una parsimonia dorada sobre los ventanales de la habitación principal, tiñendo las paredes de un tono ámbar y suspendido. Un silencio profundo, casi arrullador, envolvía el gran espacio de la recámara, interrumpido únicamente por el vaivén pausado y cansado de la respiración de Seiya, quien permanecía sumido en una siesta profunda entre las sábanas, buscando en el letargo un resguardo para su cuerpo agotado.—Bambino, despierta... Tienes que ver esto —le susurró Eliot al oído con una voz melosa, mientras deslizaba las yemas de sus dedos con extrema delicadeza por la superficie expuesta de su nuca.El enigma no reaccionó, aferrándose un poco más a la calidez de la almohada en un intento por prolongar el sueño. El alfa se inclinó para depositar una hilera de besos suaves sobre su cuello, sintiendo un leve vuelco de desolación en el pecho al constatar, una vez más, la absoluta y dolorosa ausencia de sus feromonas.—Bambino, Eriss se está peleando con un oso polar... En
Ler mais