Capítulo 180. Instinto apagado.
La tarde caía con una parsimonia dorada sobre los ventanales de la habitación principal, tiñendo las paredes de un tono ámbar y suspendido. Un silencio profundo, casi arrullador, envolvía el gran espacio de la recámara, interrumpido únicamente por el vaivén pausado y cansado de la respiración de Seiya, quien permanecía sumido en una siesta profunda entre las sábanas, buscando en el letargo un resguardo para su cuerpo agotado.
—Bambino, despierta... Tienes que ver esto —le susurró Eliot al oído