Capítulo 133. La boda del lobo gris.
El otoño caía suave sobre Milán, tiñendo las calles de un dorado apacible. La luz de la tarde entraba por los ventanales con la tibieza exacta que vuelve todo más real, más humano. Afuera, el viento movía las hojas secas en un rumor tranquilo; adentro, el perfume del cuero y el lino recién planchado llenaba la casa. Era un día para celebraciones, de esos en que incluso el aire parece ponerse elegante.El espejo le devolvió la imagen de un cuerpo distinto al que había tenido antes, más delgado, más afinado, pero ya no frágil. Seiya ajustó el cuello de la chaqueta azul y giró apenas la cintura, observando cómo la tela marcaba de nuevo la línea firme de sus hombros. Allí, bajo el corte preciso del traje, empezaba a reaparecer la solidez que tanto había extrañado.Durante meses, su reflejo había sido una fuente de incomodidad, un recordatorio constante de lo que había perdido. Sin embargo, aquella tarde, algo era diferente. No necesitó apartar la mirada ni corregirse con severidad. Vio se
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