— Muy bien, mi oferta está en pie. A cambio quiero que pongas tus servicios a mi entera disposición, así como me mantengo informado sobre lo que llegue a saber de la identidad de ese hombre, ¿Lo aceptará? Puedo mantenerlo a salvó. — dijo Augusto extendiendo la mano.Marcos, sin dudarlo, la tomó.— Desde ahora este perro de caza le será fiel, señor Mendoza. — respondió Marcos.Complacido, Augusto asintió.— Bien, por ahora, mantenga su perfil bajo, sé que Fernando Toledo está tras de ti, ese niño no es para tomar a la ligera, y por supuesto, nadie deberá saber que tuvimos está conversación, ¿Queda claro? — cuestionó Augusto.— Como el agua. — respondió el hombre.En el centro comercial, Aitana vio a lejos a su hermana colgada del brazo de un desconocido de mediana edad. ¿Quién era hombre?— Ese hombre… — musitó creyendo haberlo visto antes.Aitana miraba a Ainara tan feliz como nunca antes, y aquel desconocido parecía demasiado apegado a ella, como si la conociera de toda la vida. Fern
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