Júlia sintió su corazón acelerarse al oír aquella propuesta. Sus ojos se abrieron ligeramente, expresando una sorpresa profunda y genuina.Años atrás, solían mencionar una vida de casados en sus planes, como cualquier pareja que sueña con estar junta. Pero, después de todo lo que ocurrió, la idea del matrimonio, el vestido blanco, la iglesia, las alianzas y los votos, había quedado distante en su mente.Cuando se reencontraron, sus vidas se sumergieron en el caos, y todo lo que ella quería era simplemente sobrevivir y enfrentar los obstáculos para poder estar juntos en paz. Se había olvidado de ese hermoso detalle que completaría la felicidad de cualquier pareja: un compromiso firmado y declarado ante todos.Leonardo sonrió ante su expresión y se acercó aún más, el agua del arroyo envolviendo sus cuerpos.— Entonces, Júlia García... ¿aceptas ser mi esposa, la futura señora Almonte? ¿Aceptas hacer de mí el hombre más completo y feliz de la faz de la Tierra, teniendo a tu lado por el re
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