Máximus continúa dándole primeros auxilios, mientras su mirada cargada de temor y angustia se posa sobre su esposa, quien no da señales de vivir. No lo soporta; este dolor que siente en este momento es demasiado intenso. La sacude ligeramente, menciona su nombre seguidamente mientras siente un vuelco en su duro corazón.—Rosie, no te librarás tan fácilmente de mí... tú eres mi esposa —le dice con la voz entrecortada.Vuelve a darle respiración boca a boca, sintiendo que el tiempo se agota. "Porque ahora que reconozco esto que siento por ti, ¿me quieres dejar?", piensa con desesperación. Vuelve a presionarle el pecho con ritmo frenético. Sus lágrimas, caen sobre el pecho frío de ella. Es una imagen impresionante: el hombre de armadura, el implacable Máximus Livingston, está hecho un mar de lágrimas, sintiendo que ha perdido a la mujer que se adueñó de su mente.—¡Despierta! ¡Abre tus ojos, Harper! —insiste él, aunque sus brazos ya sienten el cansancio del esfuerzo. No quiere, no puede
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