Maxwell se sirvió un trago corto y se quedó mirando el líquido ámbar antes de romper el silencio. —Grace, tenemos que hablar de lo que pasó entre nosotros la otra noche —soltó Maxwell, finalmente levantando la vista—. De cuando nos fuimos de copas y terminamos... así.Grace se tensó y dejó los documentos sobre el escritorio, frotándose las sienes. El recuerdo de los besos desesperados y las caricias torpes en la penumbra de la alcoba le provocaba un nudo de incomodidad en el estómago.—Eso no puede volver a pasar, Maxwell —sentenció ella con voz firme, aunque cargada de una honestidad cruda—. Hemos sido amigos todos estos años, nos hemos apoyado en lo peor. Esa noche, gracias a Dios, nos quedamos dormidos antes de que fuera tarde. Eres un hombre muy atractivo, inteligente y bueno, pero si hubiéramos cruzado la línea, nada volvería a ser igual entre nosotros. Me he sentido mal solo por esos besos, por dejar que tus manos me tocaran así... Si lo hubiéramos consumado, habríamos destruid
Ler mais