El apartamento que la agencia de bienes raíces consiguió para Grace era impecable. Estaba completamente amoblado con un estilo minimalista y cálido, techos altos y una vista privilegiada de la ciudad. Lo más importante era la seguridad y el espacio para que Derek y Doménica no se sintieran encerrados. Rose, la niñera de confianza que los había acompañado en San Francisco, ya estaba instalada, organizando la ropa de los pequeños y devolviéndoles una sensación de normalidad.Cuando la puerta principal se abrió, los niños soltaron sus juguetes y corrieron por el pasillo.—¡Papá! —gritaron al unísono, lanzándose a los brazos de Maxwell.Él se agachó para recibirlos, pero un pinchazo agudo en la zona lumbar lo obligó a tensar la mandíbula. Derek, siempre observador, lo miró con el ceño fruncido mientras se separaba un poco.—Estás muy pálido, papá —dijo el niño con preocupación—. ¿Es otra vez la crisis de asma? ¿Te sientes mal?Maxwell forzó una sonrisa y le revolvió el cabello, tratando d
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