Dos semanas habían pasado y Ethan y Helen estaban logrando entenderse. En ese preciso momento, el CEO estaba prácticamente desparramado en su sillón, y su aspecto era deplorable.“Todo por el bien de la empresa”, era lo que su mente insistía en repetir para justificar su estado. ¿Todo qué, nada…? Estaba agotado. Casi dos días sin dormir y no tenía la menor idea de cómo aún no se había quedado dormido. Es decir, tal como estaba, mejor sentado, porque si estuviera de pie, sin duda caería como una fruta madura del árbol.—Estás realmente agotado, Ethan —dijo Helen, acercándose al esposo, que ni siquiera se molestó en abrir los ojos al reconocer la voz dulce y delicada de ella.Agotado era poco.¿Qué tal multiplicar ese adjetivo por “cansado”, sumarle “hecho polvo” y poner “exhausto” como exponente? Hum… matemáticas simples.La voz suave de su esposa, quisiera o no, ayudaba bastante a llevarlo directo al mundo de los sueños. Era melodiosa, invitante, hecha para cerrar los ojos. El rubio a
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