El apartamento estaba sumido en la penumbra. El sofá parecía haber sido moldeado bajo los cuerpos entrelazados de Helen y Ethan, ahora relajados, todavía pegados, todavía recuperando el aliento de lo que acababa de suceder. El silencio era agradable, casi sagrado. Solo el sonido de la respiración, del corazón desacelerándose, y de la sonrisa que nacía naturalmente en los labios de ella.Helen pasó los dedos suavemente por los hombros de él, trazando círculos perezosos sobre su piel.—Eso fue… —empezó ella.—La mejor fisioterapia de mi vida —completó él, con el rostro enterrado entre sus pechos.Ella soltó una carcajada, echando la cabeza hacia atrás.—No tienes remedio.—Y a ti te gusta así —dijo él, mordisqueando suavemente su barbilla.Ella se acomodó mejor sobre su pecho, bajando la camiseta que aún llevaba puesta para cubrirse el cuerpo, como si eso fuera suficiente para protegerla de cualquier cosa que no fuera el contacto de él. Ethan se acomodó, con la pierna todavía elevada so
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