Cada movimiento de Xavier era preciso y calculado, como un baile bien ensayado. A pesar de su aspecto rudo, manejaba la delicada figura en la bañera con delicadeza, tensando los músculos bajo el peso. Mientras las gotas de agua resbalaban por su cuerpo, parecían chisporrotear en su piel, despertando deseos indeseados que intentaba desesperadamente reprimir. La envolvió con delicadeza en una toalla de felpa, envolviéndola con sus grandes manos. Con pasos cuidadosos, la llevó a la cama. Su tacto era suave y tierno, como el de un hombre que sabe romper y sanar corazones."Descansa", murmuró, más para sí mismo que para el cuerpo inconsciente que yacía sobre las sábanas. Necesitaba distanciarse para bloquear la intimidad que no había buscado, pero en la que se encontraba atrapado.El chorro punzante de la ducha era una bendición. Pero no logró disipar los pensamientos que se le aferraban, como el aroma de Cathleen. Xavier Knight, el hombre que había comandado imperios, ahora lidiaba con un
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