Xavier entró en la elegante casa de vacaciones, con la mente hecha un mar de conflicto y deseo. En cuanto la puerta se cerró tras él, un gemido involuntario escapó de sus labios al sentir una oleada de excitación inesperada. Frunció el ceño, apretando los puños contra la ropa de Cathleen, incapaz de comprender el poder que Cathleen ejercía sobre él.
"Maldita seas, Cathleen", murmuró en voz baja, cada centímetro de su cuerpo rebelándose contra el hecho de que ella, de entre todas las personas, p