La consciencia de Xavier se abrió paso desde las profundidades del sueño, la excitación de su cuerpo contrastaba marcadamente con la quietud del amanecer. Era una urgencia primaria, la dureza de esta mañana, pero se sentía extraña junto a la cálida curva del cuerpo dormido de Cathleen. Se quedó allí tendido un momento, el silencio de su dormitorio pesaba como un veredicto.
Se deslizó entre las sábanas, una sombra moviéndose con silenciosa urgencia. El aire fresco de la habitación besó su piel,