Cada movimiento de Xavier era preciso y calculado, como un baile bien ensayado. A pesar de su aspecto rudo, manejaba la delicada figura en la bañera con delicadeza, tensando los músculos bajo el peso. Mientras las gotas de agua resbalaban por su cuerpo, parecían chisporrotear en su piel, despertando deseos indeseados que intentaba desesperadamente reprimir. La envolvió con delicadeza en una toalla de felpa, envolviéndola con sus grandes manos. Con pasos cuidadosos, la llevó a la cama. Su tacto