Los dedos de Cathleen recorrieron el borde de su taza de porcelana, una delicada danza de aprensión y determinación. A su alrededor, el restaurante bullía con la tranquila cadencia de las rutinas matutinas, pero en su pecho, una tormenta se avecinaba más amarga que el café tostado oscuro que saboreaba a regañadientes.
"¿Lo sabías?" Sus palabras interrumpieron los murmullos, con la mirada fija en el hombre frente a ella.
Su padre, William, la miró con una resignación cansada que desmentía su est