Después de aquel mágico encuentro, de nuevo Valentín y Sophie estaban sobre la cama.—Sophie, no sé cómo decirte esto, pero fue espectacular —dijo él, mientras ella lo miraba extasiada.—Sí. Para mí fue mi primera vez. La verdad, quiero borrar todos los malos recuerdos que me dejaron esos tipos de la costa.—Esos hombres ya no existen, querida. Elián se encargó de acabar con ellos, y de qué manera.—La verdad, no merecían menos. Dean era el hijo de mi jefe y simplemente se aprovechó del poder que tenía para hacerme daño, y eso fue lo único que logró.—Por favor, no pienses más en eso. Debes estar bien; ahora tienes que cuidarte mucho más que antes.—Valentín, pero es que ahora estoy peor que antes. No tengo nada. Todas mis cosas están en la costa: mi cabaña se quedó allá, mi ropa, y el poco dinero que tenía lo invertí para comprar ese hogar. Ni siquiera tengo qué ponerme, y no puedo seguir usando la ropa de tu madre.—¿Acaso no te gusta la ropa de mi madre? —preguntó Valentín, diverti
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