Zora se atragantó con la comida, teniendo que escupir el pedazo de carne que estaba masticando, a pesar de que no era demasiado grande. Lo que el rey acababa de murmurar en su oído había sido demasiado para ella.Se inclinó hacia él, incrédula ante lo que había escuchado de su parte, pero él la observaba con una sonrisa de lado, como un niño que escapa de una travesura. Por su parte, Zora tenía una ingenuidad e inocencia en sus ojos puros que apenas si podía comprender lo que aquello implicaba.Sus hermanas, quienes permanecían distraídas con la comida, seguían en sus asuntos con la total normalidad, lo que parecía afectar aún más a la joven, quien, por un lado, necesitaba el apoyo de alguien o la confirmación de un tercero para verificar que había oído bien y que no había enloquecido. Pero sabía que sería de lo más inapropiado. Aquello era un secreto que compartiría solo con el rey y que no saldría de sus bocas.—Y bien, cuéntenme, qué fue lo que compraron hoy.Aisha, como la mayor,
Leer más