Las puertas del hospital se deslizaron con un siseo metálico, dejando que el aire gélido de la noche la golpeara de lleno. Era un frío seco, sin consuelo, que parecía entrarle por los poros para congelar lo poco que quedaba de su entereza. Victoria dio unos pasos hacia la acera, sin rumbo, con el eco de la palabra "esposa" todavía rebotando en sus sienes. Y entonces, lo vio. Daniel estaba a solo unos metros, avanzando hacia la entrada con esa determinación implacable que lo caracterizaba. Julián caminaba a su lado, un paso por detrás. El encuentro fue inevitable. Daniel se detuvo en seco al verla, y por un segundo que pareció una eternidad, sus miradas se cruzaron. No hubo palabras. No hubo reproches, ni preguntas sobre el video, ni consuelo por la muerte que flotaba en el ambiente. Solo un vacío insondable. Victoria, incapaz de sostener la intensidad de esos ojos grises que ahora la veían como a una extraña, desvió la mirada primero. Siguió caminando con la espalda recta, aunque s
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